CONDADO DE ARPAJON, NOVA CORINTHIA

El oficinista Cristian Haro leía incrédulo el blog de la periodista Ainnoah Boils, quien cada hora reportaba lo más destacado, en cuanto a temas de seguridad se refiere, en el país de Aresia y sus dieciocho condados.

Lo que más llamaba la atención de Cristian, era que las noticias de los últimos dos días eran exclusivas del Condado de Arpajon. Y sobre todo, relacionadas con asesinatos, violaciones, y extrema violencia. Él no podía evitar recordar que, un par de noches atrás, mientras viajaba en el autobús de regreso a casa, escuchó a un “indigente”, preguntarle a otro sujeto, al que no le vio la cara; su nombre. Ya que este hombre, que vivía debajo de un puente peatonal, se presentó como Merusha. Luego, aseguró que él traería el infierno a la tierra. Y, al parecer, estaba cumpliendo su promesa.

Cristian recordaba que el otro sujeto se comprometió a ayudar al indigente en todo lo que necesitara. Dicha situación lo asustó aún más. Pues, la oscuridad cubrió el rostro de la persona, pero no su vestimenta. La cual indicaba que era un empresario, o inclusive, hasta un político.


Sus pensamientos y emociones  no dejaban tranquilo a Cristian. Sentía el deseo de hacer algo por su Condado. Y sobre todo, por su especie. Ya que, parecía que ese tal Merusha iba muy en serio en su intención de destruir a la humanidad. Las preguntas eran ¿Qué podía hacer por su Condado, para detener tanta destrucción? Y ¿Cómo lo haría?

Al permanecer meditabundo frente a la pantalla de su computadora, sus ojos percibieron algo importante. Una de las pestañas del blog decía “Arquero de Knowlton”. Al dar clic para conocer la información que contenía, Cristian descubrió que, en el Estado de Tessalónica, en el Condado de Knowlton, hubo una persona con la determinación para usar sus habilidades con el arco y la flecha en beneficio de su comunidad.

Después de revisar detenidamente toda la información al respecto, el oficinista tomó una decisión, de la que esperaba no arrepentirse en el futuro.

 

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Al día siguiente, Cristian se inscribió en clases de acondicionamiento físico intensivo, las cuales se impartían al aire libre, en un parque ecológico. A la par, comenzó a buscar información sobre clubes de arquería. Aunque, luego de lo ocurrido en Knowlton, dicho deporte perdió muchos adeptos en algunos Condados, y en otros, fue definitivamente prohibido.

—Hasta luego. Nos vemos mañana—fueron las palabras de Eileen Chauvet, compañera de clase de Cristian.

—Hasta luego…Cristian no pudo evitar ver que, en la maleta de la chica, sobresalían las palas de un arco.

—Eileen. Me llamo Eileen. Mucho gusto—le estiró la mano para saludarlo.

—Un gusto saber tu nombre. Disculpa, ¿Practicas arquería?

La chica reaccionó con estupor, debido a la pregunta. E inmediatamente, acomodó su arco para que cupiera en la maleta.

—Descuida. No voy a acusarte con las autoridades. Al contrario. Me encantaría practicar dicho deporte.

Eileen miró fijamente a Cristian evaluando sus intenciones.

—Me han dicho que es difícil. Otros comentan que no tanto. Quisiera probarlo por mí mismo.

—Está bien. Voy a confiar en ti—sacó una tarjeta para dársela a Cristian—Llama a este número. Ahí te darán información sobre las clases.

—Muchas gracias, Eileen. Retiro lo dicho. No es un gusto. Estoy encantado de conocerte.

Ambos estrecharon fuertemente las manos.


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—Hola. Me llamo Roberto Riancho. Me dicen “Bobby”

—Soy Cristian.

—Bienvenido a nuestro club de arquería. ¿Alguna vez has tensado un arco y lanzado una flecha, Cristian?

—¿Cuenta si lo hice para ganar un peluche en la feria?

Bobby río.

—No lo creo. Esos arcos no se parecen en nada, siquiera, a un arco de poleas para niños. Además, que su “cuerda” es un resorte. Por lo tanto, no haces tensión. Lo cual es la esencia de la arquería.

Cristian quedó impresionado con lo que escuchó.

—Comencemos el calentamiento. Cabeza arriba y abajo diciendo que sí… Contamos uno, dos, tres…

 

 

 

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El primer día de entrenamiento dejó agotado a Cristian. Pero también, abrió su mente a nuevos pensamientos sobre la herramienta que pensaba usar para derrotar a ese Merusha. Y, hablando de él; Cristian no durmió hasta no comprobar que la pequeña cámara que colocó en el puente peatonal, para vigilar al indigente, le mostrara imágenes en vivo de lo que ese sujeto hacía.

A pesar de casi cerrar los ojos, debido al cansancio, Cristian alcanzó a observar algo que le devolvió la energía. Merusha asechaba a personas que pasaban cerca del puente para arrojarse sobre ellos, apretarles, con las manos, la frente y el pecho, lo cual terminaba transformando a las personas. Pues ahora, lucían una mirada aterradora, acompañada de un brillo rojo. Pero eso no era la único. Ya que, las personas transformadas corrían hacia la oscuridad de la noche, con la intención de lastimar y destruir a otros.

—Debo hacer algo pronto—expresó.

Durante los días siguientes, Cristian pidió al entrenador que le aumentara la rutina intensiva de acondicionamiento físico. Balanceó su alimentación de tal forma que, el ejercicio no lo agotaba tanto. En cuanto a la arquería, aprendió que el arco recurvo era para él, siendo capaz de tensar 40 libras. Caso contrario al arco de poleas que el entrenador utilizaba. Cuya tensión mínima era de 60 libras, llegando hasta las 90. Una flecha lanzada por ese arco, dejaba una marca parecida a la que dejaría una bala de bajo calibre. Aun así, Cristian probó con el arco de poleas, sin presentar problemas con la tensión. Pero, sus flechas salían tan elevadas que tenía que sacarlas de los árboles en el bosque aledaño al lugar donde practicaba. Muy lejos de las dianas a las que tenía que darles.

Al tener bien identificado el tipo de arco que utilizaría, decidió comprarlo en una tienda en línea. Además, en dicha tienda, adquirió unas mangas de keblar, para protegerse del fuego y las cortaduras. Adaptó otro par de mangas para proteger sus piernas. Usó pintura negra para teñir una chamarra de piel que resistía al fuego, y unos pantalones que habían pertenecido a un pariente suyo, quien fuera domador de leones.

Para la cabeza, compró un casco que lo protegería completamente, agregando que, la visera, mantenía su rostro en secreto, pues parecía un espejo. Aunque, Cristian miraba perfectamente todo, gracias a un visor con IA.

—¿Quieres venir con nosotros, fortachón? —fue la pregunta de Ciaran Carracci, compañero de trabajo de Cristian. El cual, se colocó detrás de él, mientras leía el blog de noticias.

—Otra vez leyendo esos reportajes. ¿Cuándo dejarás de estar pegado a esa computadora y vivirás en el mundo real?

—Me pagan por estar frente a esta computadora

—Tu horario de trabajo ya terminó. Es hora de irnos. Mi novia y yo saldremos esta noche. Siempre lleva a una amiga soltera y sin compromiso. ¿Qué dices? ¿Me apoyas para que esa amiga no me quite tiempo con mi chica?

Cristian vio que la novia de Ciaran llegó en ese momento, acompañada de una amiga.

—Hola amor—Eileen besó a Ciaran.

—Hola Cris.

Ahora, abrazó a Cristian.

—¿Ustedes se conocen?

—Sin contar con que hablas todo el tiempo de él; Cristian y yo entrenamos juntos.

—¿Es el compañero que siempre pide más repeticiones de cada ejercicio, cuando todos los demás ya están cansados?

Eileen asintió.

—Por eso, él sí está viendo resultados—intervino la amiga, señalando los bíceps de Cristian.

—Muchas gracias—dijo él. Después, apagó su computadora, tomó su maleta, y se dirigió a la salida.

—Disfruten su noche. Tanto entrenamiento me ha agotado. Me voy a descansar. Te veo mañana, Ciaran.

Cristian le apretó el hombro, provocando que gritara, y que ambas chicas rieran.

 

**********

Durante la noche, un empleado de una tienda caminaba por la calle, mirando su celular. Esperaba que algún servicio de taxi aceptara llevarlo a casa, a pesar de la hora. De pronto, Merusha apareció detrás de él.

—¿Estás perdido?

El empleado se alejó queriendo correr. Pero, el indigente apareció frente a él.

—Regla número uno: “Correr no te servirá de nada”—sujetó la frente del empleado haciéndolo gritar.

Unas calles más adelante, un padre de familia cambiaba la llanta ponchada de su auto. Su esposa e hijo estaban a bordo del vehículo.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó la esposa.

—No te preocupes, cariño. Ya casi termino.

En ese momento, escuchó los sonidos, de lo que parecía ser un animal. Al voltear, miró al empleado correr hacia él. Gruñendo y denotando un deseo por devorarlo. Al estar cerca, el empleado saltó para caerle encima al padre, éste cerró los ojos. Escuchó un rugido aún más fuerte. Al abrirlos, miró al empleado tirado frente a él, en estado de inconsciencia, y con una flecha atravesándole el pecho. El padre volteó, viendo, en la azotea de un edificio, a un sujeto con un arco en la mano izquierda, y un casco que reflejaba lo que estaba frente a él.


Tres ataques más fueron frustrados esa noche. Mersusha lo comprobó yendo al lugar donde yacían sus monstruos atravesados por flechas.

—¡Fuego! ¡Fuego!

Mersusha volteó, al escuchar los gritos de la gente. Su casa, en la parte baja del puente, era el lugar de procedencia de las llamas.

 

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—Disculpe, Señor. Hay una persona que insiste en verlo—informó la secretaria a Adrián Maquío, director general de la empresa donde Cristian y Ciaran trabajaban.

—¿De quién se trata?

—Es… ah… Un indigente. Dice ser amigo suyo. Se llama Merusha.

Adrián sintió que un frío le subió desde el estómago hasta la garganta.

—Hazlo pasar, por favor.

—¿Perdón?

—Dije: “Hazlo pasar”

Merusha entró a la oficina de Adrián, denotando molestia.

—Hola, Señor Maquío. ¿Recuerda que me debe un favor?

Adrián asintió nervioso.

—Pues es hora de que me pague.

Cristian volvía, luego del almuerzo, a su cubículo. Una mujer, vestida con un traje muy parecido al que él usó la noche anterior, pero en color morado; estaba sentada en su silla. Era Eileen.

—Hola… “Tzédek”—dijo ella con sarcasmo. Luego, le mostró en la pantalla, la nueva noticia del blog. Esta vez, hablaban de los ataques frustrados, y del incendio bajo el puente—¿En serio creíste que nadie se daría cuenta?

—¿De qué?

—¡Por favor! Eres seguidor premium del blog de Ainnoah Boils. Quien no deja de presumir a Tzédek, el Arquero de Knowlton. En un mes has entrenado física y tácticamente para usar el arco y la flecha. El sujeto que ayer frustró los ataques, tiene el mismo estilo que ese supuesto héroe.

—La ropa es color gris oscuro. Además, Mishpat usa un casco…

—¿Ya te pusiste un nombre clave? ¿Qué esperas lograr, Cris? ¿Quieres que la arquería sea prohibida definitivamente en el Condado?

—Eileen. Escúchame por favor.

—¿Por qué quemaste la casa de ese indigente? —interrumpió ella.

—No es un indigente.

—¿Entonces?

—Es un... él… prometió que…

Unos gritos interrumpieron a Cristian. Ambos voltearon, viendo a varios oficinistas actuar como monstruos, queriendo lastimar a sus compañeros.

—Sal de aquí, Eileen. Yo me encargo.

—No lo creo, Cris.

Ella le señaló la ventana.

Muchas personas, comportándose como monstruos, rodeaban a gente inocente en la plaza central. Eileen se asustó aún más al ver que Ciaran formaba parte de las personas que atacaban a inocentes. Al voltear, Cris ya no estaba con ella. Así que, sacó inmediatamente su teléfono celular.

En la plaza central, Merusha guiaba a los monstruos para que atacaran a otros. Sin embargo, algunos fueron atravesados por flechas. El indigente observó que Mishpat eliminaba a los atacantes.

—Con que eres tú.

Merusha guio a los monstruos hacia Mishpat. Éste usó sus flechas para alejarlos de él. Desafortunadamente, las flechas se terminaron. Los monstruos se acercaban a Mishpat. Saltaron para caerle encima, pero, varias flechas, los atravesaron. Bobby, Eileen, y el resto del club de arquería, llegaron para ayudar a su hermano de arco y flechas. Incluso, unos le compartieron saetas para que continuara con su labor.


De pronto, Merusha y Mishpat quedaron frente a frente. Eileen apareció lanzándole una flecha al indigente. Éste la detuvo con la mano, para después, atraer a la chica hacia él, usando el poder de su mente. Colocó sus manos sobre la frente y pecho de Eileen, para luego, mirar a Mishpat.

—Algo me dice que escuchaste cuál es mi misión, ¿Cierto?

—Así es. Y créeme, no lo voy a permitir—Mishpat colocó una flecha en su arco, y tensó.

Merusha soltó una carcajada diabólica.

—Humanos como tú, jamás podrás detenerme mientras existan humanos como él.

Ciaran cayó encima de Mishpat, tirándole el arco, y las flechas de su carcaj. El arquero se puso de pie para enfrentar al ahora monstruo. Bobby llegó para ayudarlo.

—Ahora—decía el indigente—Veamos si eres capaz de atravesar a esta chica con tus flechas.

Antes de presionar la frente y el pecho de Eileen, una flecha le atravesó por el pecho. Mishpat había tomado el arco de poleas de Booby, mientras éste enfrentaba a Ciaran. Tomó dos flechas que, inexplicablemente, alguien había colocado en su carcaj, una vez que se levantara. Todos los monstruos quedaron paralizados. Así que, Mishpat lanzó su segunda flecha, atravesándole el cráneo a Merusha, cuyo cuerpo se desintegró. Todos los humanos transformados en monstruos, cayeron inconscientes.

Eileen corrió hacia Bobby, quien tenía a Ciaran en sus brazos.

—Descuida. Estará bien—aseguró Bobby.

Cristian le acercó el arco de poleas a su entrenador.


—Muchas gracias por todo. Ya cumplí con mi misión—dio la vuelta y se alejó.

—¡Espera! ¡No nos dejes! —pidió Eileen.

Cristian se detuvo, volteó, y sonrió a la chica.

—Si otro como Merusha aparece en este Condado. Yo… volveré.

 

FIN


*Las imágenes usadas para ilustrar este relato, fueron elaboradas por el autor con apoyo de la Inteligencia Artificial "Gemini"