CONDADO DE ARPAJON, NOVA CORINTHIA
El oficinista Cristian Haro leía incrédulo el blog de
la periodista Ainnoah Boils, quien
cada hora reportaba lo más destacado, en cuanto a temas de seguridad se
refiere, en el país de Aresia y sus
dieciocho condados.
Lo que más llamaba la atención de
Cristian, era que las noticias de los últimos dos días eran exclusivas del
Condado de Arpajon. Y sobre todo, relacionadas con asesinatos, violaciones, y
extrema violencia. Él no podía evitar recordar que, un par de noches atrás,
mientras viajaba en el autobús de regreso a casa, escuchó a un “indigente”,
preguntarle a otro sujeto, al que no le vio la cara; su nombre. Ya que este
hombre, que vivía debajo de un puente peatonal, se presentó como Merusha. Luego, aseguró que él traería
el infierno a la tierra. Y, al parecer, estaba cumpliendo su promesa.
Cristian recordaba que el otro
sujeto se comprometió a ayudar al indigente en todo lo que necesitara. Dicha
situación lo asustó aún más. Pues, la oscuridad cubrió el rostro de la persona,
pero no su vestimenta. La cual indicaba que era un empresario, o inclusive,
hasta un político.
Sus pensamientos y emociones no dejaban tranquilo a Cristian. Sentía el
deseo de hacer algo por su Condado. Y sobre todo, por su especie. Ya que,
parecía que ese tal Merusha iba muy en serio en su intención de destruir a la
humanidad. Las preguntas eran ¿Qué podía hacer por su Condado, para detener
tanta destrucción? Y ¿Cómo lo haría?
Al permanecer meditabundo frente
a la pantalla de su computadora, sus ojos percibieron algo importante. Una de
las pestañas del blog decía “Arquero de
Knowlton”. Al dar clic para conocer la información que contenía, Cristian
descubrió que, en el Estado de
Tessalónica, en el Condado de
Knowlton, hubo una persona con la determinación para usar sus habilidades
con el arco y la flecha en beneficio de su comunidad.
Después de revisar detenidamente
toda la información al respecto, el oficinista tomó una decisión, de la que
esperaba no arrepentirse en el futuro.
**********
Al día siguiente, Cristian se
inscribió en clases de acondicionamiento físico intensivo, las cuales se
impartían al aire libre, en un parque ecológico. A la par, comenzó a buscar
información sobre clubes de arquería. Aunque, luego de lo ocurrido en Knowlton,
dicho deporte perdió muchos adeptos en algunos Condados, y en otros, fue
definitivamente prohibido.
—Hasta luego. Nos vemos mañana—fueron
las palabras de Eileen Chauvet,
compañera de clase de Cristian.
—Hasta luego…Cristian no pudo
evitar ver que, en la maleta de la chica, sobresalían las palas de un arco.
—Eileen. Me llamo Eileen. Mucho
gusto—le estiró la mano para saludarlo.
—Un gusto saber tu nombre.
Disculpa, ¿Practicas arquería?
La chica reaccionó con estupor,
debido a la pregunta. E inmediatamente, acomodó su arco para que cupiera en la
maleta.
—Descuida. No voy a acusarte con
las autoridades. Al contrario. Me encantaría practicar dicho deporte.
Eileen miró fijamente a Cristian
evaluando sus intenciones.
—Me han dicho que es difícil.
Otros comentan que no tanto. Quisiera probarlo por mí mismo.
—Está bien. Voy a confiar en
ti—sacó una tarjeta para dársela a Cristian—Llama a este número. Ahí te darán
información sobre las clases.
—Muchas gracias, Eileen. Retiro
lo dicho. No es un gusto. Estoy encantado de conocerte.
Ambos estrecharon fuertemente las manos.
**********
—Hola. Me llamo Roberto Riancho.
Me dicen “Bobby”
—Soy Cristian.
—Bienvenido a nuestro club de
arquería. ¿Alguna vez has tensado un arco y lanzado una flecha, Cristian?
—¿Cuenta si lo hice para ganar un
peluche en la feria?
Bobby río.
—No lo creo. Esos arcos no se
parecen en nada, siquiera, a un arco de poleas para niños. Además, que su
“cuerda” es un resorte. Por lo tanto, no haces tensión. Lo cual es la esencia
de la arquería.
Cristian quedó impresionado con
lo que escuchó.
—Comencemos el calentamiento.
Cabeza arriba y abajo diciendo que sí… Contamos uno, dos, tres…
**********
El primer día de entrenamiento
dejó agotado a Cristian. Pero también, abrió su mente a nuevos pensamientos
sobre la herramienta que pensaba usar para derrotar a ese Merusha. Y, hablando
de él; Cristian no durmió hasta no comprobar que la pequeña cámara que colocó
en el puente peatonal, para vigilar al indigente, le mostrara imágenes en vivo
de lo que ese sujeto hacía.
A pesar de casi cerrar los ojos,
debido al cansancio, Cristian alcanzó a observar algo que le devolvió la
energía. Merusha asechaba a personas que pasaban cerca del puente para
arrojarse sobre ellos, apretarles, con las manos, la frente y el pecho, lo cual
terminaba transformando a las personas. Pues ahora, lucían una mirada
aterradora, acompañada de un brillo rojo. Pero eso no era la único. Ya que, las
personas transformadas corrían hacia la oscuridad de la noche, con la intención
de lastimar y destruir a otros.
—Debo hacer algo pronto—expresó.
Durante los días siguientes,
Cristian pidió al entrenador que le aumentara la rutina intensiva de
acondicionamiento físico. Balanceó su alimentación de tal forma que, el
ejercicio no lo agotaba tanto. En cuanto a la arquería, aprendió que el arco
recurvo era para él, siendo capaz de tensar 40 libras. Caso contrario al arco
de poleas que el entrenador utilizaba. Cuya tensión mínima era de 60 libras,
llegando hasta las 90. Una flecha lanzada por ese arco, dejaba una marca
parecida a la que dejaría una bala de bajo calibre. Aun así, Cristian probó con
el arco de poleas, sin presentar problemas con la tensión. Pero, sus flechas
salían tan elevadas que tenía que sacarlas de los árboles en el bosque aledaño
al lugar donde practicaba. Muy lejos de las dianas a las que tenía que darles.
Al tener bien identificado el
tipo de arco que utilizaría, decidió comprarlo en una tienda en línea. Además,
en dicha tienda, adquirió unas mangas de keblar, para protegerse del
fuego y las cortaduras. Adaptó otro par de mangas para proteger sus piernas.
Usó pintura negra para teñir una chamarra de piel que resistía al fuego, y unos
pantalones que habían pertenecido a un pariente suyo, quien fuera domador de
leones.
Para la cabeza, compró un casco
que lo protegería completamente, agregando que, la visera, mantenía su rostro
en secreto, pues parecía un espejo. Aunque, Cristian miraba perfectamente todo,
gracias a un visor con IA.
—¿Quieres venir con nosotros,
fortachón? —fue la pregunta de Ciaran Carracci, compañero de trabajo de
Cristian. El cual, se colocó detrás de él, mientras leía el blog de noticias.
—Otra vez leyendo esos
reportajes. ¿Cuándo dejarás de estar pegado a esa computadora y vivirás en el
mundo real?
—Me pagan por estar frente a esta
computadora
—Tu horario de trabajo ya
terminó. Es hora de irnos. Mi novia y yo saldremos esta noche. Siempre lleva a
una amiga soltera y sin compromiso. ¿Qué dices? ¿Me apoyas para que esa amiga
no me quite tiempo con mi chica?
Cristian vio que la novia de
Ciaran llegó en ese momento, acompañada de una amiga.
—Hola amor—Eileen besó a Ciaran.
—Hola Cris.
Ahora, abrazó a Cristian.
—¿Ustedes se conocen?
—Sin contar con que hablas todo
el tiempo de él; Cristian y yo entrenamos juntos.
—¿Es el compañero que siempre
pide más repeticiones de cada ejercicio, cuando todos los demás ya están
cansados?
Eileen asintió.
—Por eso, él sí está viendo
resultados—intervino la amiga, señalando los bíceps de Cristian.
—Muchas gracias—dijo él. Después,
apagó su computadora, tomó su maleta, y se dirigió a la salida.
—Disfruten su noche. Tanto
entrenamiento me ha agotado. Me voy a descansar. Te veo mañana, Ciaran.
Cristian le apretó el hombro, provocando
que gritara, y que ambas chicas rieran.
**********
Durante la noche, un empleado de
una tienda caminaba por la calle, mirando su celular. Esperaba que algún
servicio de taxi aceptara llevarlo a casa, a pesar de la hora. De pronto,
Merusha apareció detrás de él.
—¿Estás perdido?
El empleado se alejó queriendo
correr. Pero, el indigente apareció frente a él.
—Regla número uno: “Correr no
te servirá de nada”—sujetó la frente del empleado haciéndolo gritar.
Unas calles más adelante, un
padre de familia cambiaba la llanta ponchada de su auto. Su esposa e hijo
estaban a bordo del vehículo.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó la
esposa.
—No te preocupes, cariño. Ya casi
termino.
En ese momento, escuchó los sonidos, de lo que parecía ser un animal. Al voltear, miró al empleado correr hacia él. Gruñendo y denotando un deseo por devorarlo. Al estar cerca, el empleado saltó para caerle encima al padre, éste cerró los ojos. Escuchó un rugido aún más fuerte. Al abrirlos, miró al empleado tirado frente a él, en estado de inconsciencia, y con una flecha atravesándole el pecho. El padre volteó, viendo, en la azotea de un edificio, a un sujeto con un arco en la mano izquierda, y un casco que reflejaba lo que estaba frente a él.
Tres ataques más fueron
frustrados esa noche. Mersusha lo comprobó yendo al lugar donde yacían sus
monstruos atravesados por flechas.
—¡Fuego! ¡Fuego!
Mersusha volteó, al escuchar los
gritos de la gente. Su casa, en la parte baja del puente, era el lugar de
procedencia de las llamas.
**********
—Disculpe, Señor. Hay una persona
que insiste en verlo—informó la secretaria a Adrián Maquío, director
general de la empresa donde Cristian y Ciaran trabajaban.
—¿De quién se trata?
—Es… ah… Un indigente. Dice ser
amigo suyo. Se llama Merusha.
Adrián sintió que un frío le
subió desde el estómago hasta la garganta.
—Hazlo pasar, por favor.
—¿Perdón?
—Dije: “Hazlo pasar”
Merusha entró a la oficina de
Adrián, denotando molestia.
—Hola, Señor Maquío. ¿Recuerda
que me debe un favor?
Adrián asintió nervioso.
—Pues es hora de que me pague.
Cristian volvía, luego del
almuerzo, a su cubículo. Una mujer, vestida con un traje muy parecido al que él
usó la noche anterior, pero en color morado; estaba sentada en su silla. Era
Eileen.
—Hola… “Tzédek”—dijo ella con
sarcasmo. Luego, le mostró en la pantalla, la nueva noticia del blog. Esta vez,
hablaban de los ataques frustrados, y del incendio bajo el puente—¿En serio
creíste que nadie se daría cuenta?
—¿De qué?
—¡Por favor! Eres seguidor
premium del blog de Ainnoah Boils. Quien no deja de presumir a Tzédek, el
Arquero de Knowlton. En un mes has entrenado física y tácticamente para usar el
arco y la flecha. El sujeto que ayer frustró los ataques, tiene el mismo estilo
que ese supuesto héroe.
—La ropa es color gris oscuro.
Además, Mishpat usa un casco…
—¿Ya te pusiste un nombre clave?
¿Qué esperas lograr, Cris? ¿Quieres que la arquería sea prohibida
definitivamente en el Condado?
—Eileen. Escúchame por favor.
—¿Por qué quemaste la casa de ese
indigente? —interrumpió ella.
—No es un indigente.
—¿Entonces?
—Es un... él… prometió que…
Unos gritos interrumpieron a
Cristian. Ambos voltearon, viendo a varios oficinistas actuar como monstruos,
queriendo lastimar a sus compañeros.
—Sal de aquí, Eileen. Yo me
encargo.
—No lo creo, Cris.
Ella le señaló la ventana.
Muchas personas, comportándose
como monstruos, rodeaban a gente inocente en la plaza central. Eileen se asustó
aún más al ver que Ciaran formaba parte de las personas que atacaban a
inocentes. Al voltear, Cris ya no estaba con ella. Así que, sacó inmediatamente
su teléfono celular.
En la plaza central, Merusha
guiaba a los monstruos para que atacaran a otros. Sin embargo, algunos fueron
atravesados por flechas. El indigente observó que Mishpat eliminaba a los
atacantes.
—Con que eres tú.
Merusha guio a los monstruos hacia Mishpat. Éste usó sus flechas para alejarlos de él. Desafortunadamente, las flechas se terminaron. Los monstruos se acercaban a Mishpat. Saltaron para caerle encima, pero, varias flechas, los atravesaron. Bobby, Eileen, y el resto del club de arquería, llegaron para ayudar a su hermano de arco y flechas. Incluso, unos le compartieron saetas para que continuara con su labor.
De pronto, Merusha y Mishpat
quedaron frente a frente. Eileen apareció lanzándole una flecha al indigente.
Éste la detuvo con la mano, para después, atraer a la chica hacia él, usando el
poder de su mente. Colocó sus manos sobre la frente y pecho de Eileen, para
luego, mirar a Mishpat.
—Algo me dice que escuchaste cuál
es mi misión, ¿Cierto?
—Así es. Y créeme, no lo voy a
permitir—Mishpat colocó una flecha en su arco, y tensó.
Merusha soltó una carcajada
diabólica.
—Humanos como tú, jamás podrás
detenerme mientras existan humanos como él.
Ciaran cayó encima de Mishpat,
tirándole el arco, y las flechas de su carcaj. El arquero se puso de pie para
enfrentar al ahora monstruo. Bobby llegó para ayudarlo.
—Ahora—decía el indigente—Veamos
si eres capaz de atravesar a esta chica con tus flechas.
Antes de presionar la frente y el
pecho de Eileen, una flecha le atravesó por el pecho. Mishpat había tomado el
arco de poleas de Booby, mientras éste enfrentaba a Ciaran. Tomó dos flechas
que, inexplicablemente, alguien había colocado en su carcaj, una vez que se
levantara. Todos los monstruos quedaron paralizados. Así que, Mishpat lanzó su
segunda flecha, atravesándole el cráneo a Merusha, cuyo cuerpo se desintegró.
Todos los humanos transformados en monstruos, cayeron inconscientes.
Eileen corrió hacia Bobby, quien
tenía a Ciaran en sus brazos.
—Descuida. Estará bien—aseguró
Bobby.
Cristian le acercó el arco de poleas a su entrenador.
—Muchas gracias por todo. Ya
cumplí con mi misión—dio la vuelta y se alejó.
—¡Espera! ¡No nos dejes! —pidió
Eileen.
Cristian se detuvo, volteó, y sonrió
a la chica.
—Si otro como Merusha aparece en
este Condado. Yo… volveré.
FIN
*Las imágenes usadas para ilustrar este relato, fueron elaboradas por el autor con apoyo de la Inteligencia Artificial "Gemini"





0 Comentarios